jueves, 28 de marzo de 2013

Line of...

Estaba jugando al escondite consigo misma. 
Cantaba murmullos en público.
Gritaba en silencio incluso cuando solo él podía escucharla.
Discutía su mentira con la verdad. 
Bebía sangre disecada. 
Sentía a la luna pero no la observaba. 
Rodaba cuesta arriba cuando se empeñaban en facilitarle una cuesta abajo.
Corría maratones cuando estaba totalmente cansada. 
Se sollozaba rumores a si misma.
Comía comida dulce y solo saboraba amargo. 
Se tumbaba a la noche desnuda de un pleno invierno para sentir calor; 
el sol la hacía helarse de frío. 
Regalaba su colección de caprichos. 
Incineraba los minutos de su impaciencía. 
Vomitaba sus sentimientos a un cubo vacío para que no le revolviesen el estómago. 
Pegaba carteles en las calles que no decían nada, cuando realmente lo decían todo. 
Dibujaba garabatos para no plasmar sueños. 
Lloraba sonrisas para descansar.
Y bebía de llantos para activarse. 


Pero en el fondo ella sabía qué...

Jugaba al escondite para encontrarse con él.
Cantaba para que su silenciosa voz fuese escuchada. 
Mentía a la verdad pero ella no sabía mentir. La verdad ganaba una vez más.
Bebía vodka seco. 
Observaba a la luna teletransportandose a otro lugar, por eso no la veía. 
Rodaba en una superficie plana chocando contra paredes, aun cuando le abrían puertas. 
Corría cansada porque sabía que con ello conseguiría, al menos, una sola caricia. 
No sollozaba rumores, le gritaba a su propia mente intentando darle órdenes inválidas. 
Saboreaba lo dulce temiendo lo amargo. 
Quería sentir frío para buscar el calor de un cuerpo, solo de uno...
Y se acurrucaba en el sol para que ese cuerpo le soplase en la nuca. 
No estaba regalando caprichos, simplemente, esto no lo era. 
Su impaciencia no fue quemada, simplemente existía algo más importante. 
No llegó a vomitar nunca, se quedaba en arcadas. 
Los carteles estaban escritos en letras que solo ella podía descifrar; ¿cómo la iban a comprender así? 
No dibujaba nada porque todos sus retratos tenían el mismo rostro. 
Cerró sus llantos bajo llave para que alguien pudiese sonreir. 
Y no bebía llantos, sino aquellas sonrisas...



No pretendo que nadie entienda lo que aquí hoy digo sobre ella.
O si...







Fríaldad
Entrecortada
Ansiosamente
Romantizada

domingo, 17 de marzo de 2013

Real...or imaginary?



Él estaba muerto, era un fantasma errante.
Aunque todos lo veían, él sabía que estaba muerto.

Ella, la protagonista de este libro, no era más que un producto de su imaginación. 

Al igual que todo niño con sus amigos imaginarios, aquellos con los que juegas cuando tan solo vosotros podéis verlo, él la tenía a ella. 
Pero al crecer, tristemente, pierdes a ese amigo producto de tu mente, creado por un sentimiento y producto un poco, de la falta de lógica sobre el mundo.
Lo triste llega cuando tu amigo imaginario se va. Y ni siquiera lo echas de menos, pues un día te despiertas y ya no recuerdas nada de lo que has pasado con él. No notas su ausencia, y los momentos que pasasteis juntos se transforman en niebla. 

Ella era aquella amiga imaginaria. 

Pero en su carta astral estaba escrito que volvería aparecer. 
Y así sucedió.
Esa amiga imaginaria volvió, pero ya no solo podía verla él, si no todo el mundo. 

Una imaginación que se materializa.
Una materia que aparece para quedarse y que no quiere irse. 

Quizás por eso a veces, los dos, se entienden aunque sus palabras no sean dignas de ningún idioma. Se abrazan como solo un niño y una amiga imaginaria pueden hacerlo. Hacen movimientos acordes en el momento adecuado. 

Pero ahora ella no se va ir, al menos, no quiere irse.
Hay demasiados recuerdos que nada podría borrar. Demasiados momentos vividos y mucha historia por crear. 

Al igual que los sueños pueden hacerse realidad y la realidad convertirse en tu mayor pesadilla, ella volvió para hacerse realidad y para intentar que su realidad no se convirtiese en la mayor pesadilla de ese niño, ya no tan niño…



“Recuerda, he vuelto para quedarme. No me iré hasta que tu no decidas echarme de tu vida.
Y déjame contarte un secreto: un corazón tan enorme como el tuyo nunca podría estar muerto” 




“Intercambiemos sueños ahora que somos adultos, al igual que intercambiamos cromos cuando éramos niños. “

domingo, 10 de marzo de 2013

Errores y borracheras

El tiempo ha pasado para ella. 

Errores. 
Errores que le cuesta decidir si se arrepiente de ellos o no. La bipolaridad se hace presente en esta cuestión. 
Esos fallos, esas piedras lanzadas a si misma y a otros jardines, le han provocado daños.
Heridas profundas, ya cosidas y vendadas, pero quizás aún hoy le salten algunos puntos de vez en cuando. Nada que una nueva sotura no pueda arreglar, con un hilo bueno, fuerte y consistente todas las heridas terminan sanando, aunque en su momento ella no lo creyó así. 
Otras pequeñas magulladuras y rasguños, de esos que no duelen demasiado pero joden lo suficiente como para pararte a decirte: ¿En qué coño estabas pensando? 
Esos fallos no han sido más que trazas en un camino que le han llevado hacia otros lugares, ni mejores ni peores, simplemente, distintos. 
Pero, ¿quién le dice a ella que si hubiese omitido ciertos errores, ahora, quizás, sería más feliz? 
Aunque ahora eso ya no importa. 
Aún así, conociendo su presente camino, no lo cambiaría por nada. 
Merece la pena sufrir si acabarás rodeada de sonrisas y abrazos que llenan y hasta crujen el alma. 
No importa caer si sabes que alguien te dará su mano e incluso su fuerza para que no te quedes parada. 


Borracheras. 
Borracheras en las que ingiere quizás a veces más de lo que debería. 
Aquellas que crean circunstancias que quizás desearía posibles sin la necesidad de grados de whisky. 
De esas que intensifican lo que sientes, y por ello a la mañana siguiente te levantas pensando ¿realmente es lo que siento? 
Y ahí esta el miedo. Ese gran protagonista. 
Pero ella aprende a silenciar sus confusiones, a sonreirle y a darle los buenos días cada mañana al presente. 
Porque, ¿para que disgustarse por algo que ni siquiera ha pasado? ¿por que darle vueltas a sucesos de los que disfrutas? ¿vas a patalear cuando realmente puedes y estás a gusto? 

Pues hay algo más fuerte e importante que sus propias mierdas cerebrales.
 Algo tan fuerte como lo es el no solo desear la felicidad de otra persona, si no querer hacerlo posible. 
Es como compartir esa aguja de insulina a medias que hará que dos personas puedan sonreír y ser felices. 
Esa persona con quien compartes cigarros, litros de cerveza, abrazos, conversaciones, sentimientos, momentos, placeres, llantos, tristezas, sonrisas, ilusiones, sueños, pensamientos, puñaladas, canciones....y otros detalle que nuestra protagonista decidió suprimir.  

Y ella le dejó una nota en la almohada antes de irse a dormir. 
" No olvides que dispones de un tanque lleno de fuerza para ti. 
No pido nada a cambio, solo el combustible para que la energía siga sosteniéndose. 
Sabes cual es. 
Tu sonrisa." 


La marea es fuerte, intensa, a veces dolorosa, pero siempre nos arrastrará hacia la orilla. Cuando lleguemos a la orilla, deseo tumbarme al sol contigo y agarrarte de la mano.