Erase una vez la historia de una chica (o una mujer, o algo intermedio), que lo dejaba siempre todo a medias.
Aunque no siempre fue así.
Ella amaba estar constantemente en la naturaleza, comerse un libro tras otro, manchar sus manos de carboncillo y colores dibujando, capturar momentos de lo infinito o lo finito con su cámara de fotos, pasar tiempo buscando películas en blanco y negro que guardaba siempre en su memoria, estudiar la magia y la filosofía de las energías, crear cosas de la nada y de lo que ya existía, ser cada día mas grande y mas sabía, aprender a tocar instrumentos, cantar hasta desgarrarse la garganta...Entre mil cosas mas. En fin, ella amaba hacer infinitas cosas.
Las hacía, hasta que un día siguió haciéndolas, hasta dejarlas a medias.
No se dio cuenta hasta que se encontró ante un día gris. Uno de esos días en que todo te parece una mierda.
Lloró.
Fumó.
Volvió a llorar.
Volvió a fumar...
...y se quedo dormida.
Al día siguiente, al despertarse, decidí comenzar a contar su historia...
Una cosa más.
Hay algo que jamás dejó ni dejará a medias.
Nunca habrá lugar en su vida para dejar de lado los sueños.
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